El glaucoma suele estar relacionado con un mal drenaje del humor acuoso dentro del ojo, lo que eleva la presión intraocular y daña progresivamente el nervio óptico. Entre los principales factores de riesgo están:

En sus etapas iniciales, el glaucoma no presenta síntomas, lo que lo convierte en una enfermedad silenciosa. A medida que progresa, pueden aparecer:
Los exámenes oftalmológicos regulares son clave para detectarlo a tiempo.

Los tratamientos para el glaucoma incluyen medicamentos, terapia con láser y cirugía, dependiendo de la gravedad de la condición. Aunque el daño no se puede revertir, el tratamiento puede detener su progresión. Las opciones incluyen:
El control del glaucoma requiere revisiones regulares (cada 3 a 6 meses), para ajustar el tratamiento y prevenir la progresión de la enfermedad.
En Oftalmólogos Dulanto, el diagnóstico y tratamiento del glaucoma están a cargo del Dr. Ricardo Ugarte Basurto (CMP 066761), cirujano oftalmólogo subespecialista en glaucoma, segmento anterior y cirugía mínimamente invasiva de glaucoma (MIGS).

El glaucoma no tiene cura, pero su avance puede detenerse con tratamiento oportuno. Las gotas, el láser y la cirugía controlan la presión intraocular y preservan la visión restante. El daño al nervio óptico ya producido es irreversible.
El glaucoma se diagnostica con un examen oftalmológico que mide la presión intraocular y evalúa el nervio óptico. Sin síntomas tempranos, la única forma de detectarlo es con revisiones regulares, especialmente después de los 40 años.
Sí, si no se trata a tiempo. El glaucoma avanzado destruye el nervio óptico de forma irreversible y puede causar ceguera total. Con detección temprana y tratamiento continuo, la mayoría de pacientes preserva su visión de forma efectiva.
Se recomienda una evaluación de glaucoma a partir de los 40 años, o antes si tienes diabetes, hipertensión, antecedentes familiares o uso prolongado de corticosteroides. El glaucoma no da síntomas tempranos, por eso el control preventivo es fundamental.
El glaucoma no se puede prevenir, pero sí detectar antes de que cause daño visual. Una revisión oftalmológica anual permite identificarlo en etapas tempranas, cuando el tratamiento es más efectivo para detener su progresión.
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