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¿Qué puede causar la visión doble (diplopía)? 
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La visión doble, también llamada diplopía, ocurre cuando una persona ve dos imágenes de un mismo objeto al mismo tiempo. Este síntoma puede aparecer de forma temporal o persistente y puede afectar uno o ambos ojos. Según la American Academy of Ophthalmology, la visión doble puede tener diferentes causas, desde problemas oculares relativamente comunes hasta condiciones neurológicas que requieren evaluación médica. Por esta razón, cuando aparece de forma repentina o persistente, es importante consultar con un especialista para identificar su origen. Comprender qué puede provocar visión doble ayuda a reconocer cuándo se trata de un problema leve y cuándo puede requerir atención médica más urgente. ¿Qué es la visión doble? La visión doble se produce cuando los ojos no trabajan de manera coordinada o cuando la imagen que llega a la retina se distorsiona. Existen dos tipos principales: – Diplopía monocular Ocurre cuando la visión doble persiste incluso al cerrar uno de los ojos. En estos casos, el problema suele estar relacionado con el propio ojo. – Diplopía binocular Desaparece al cerrar uno de los ojos. Esto ocurre cuando los ojos no están alineados correctamente y envían imágenes diferentes al cerebro. Identificar el tipo de diplopía es uno de los primeros pasos para determinar su causa. Problemas oculares que pueden causar visión doble En muchos casos, la visión doble está relacionada con alteraciones dentro del propio ojo. Entre las causas más frecuentes se encuentran: Cataratas Cuando el cristalino se vuelve opaco, puede provocar distorsión de la imagen y generar visión doble en un ojo. Problemas en la córnea Irregularidades en la superficie corneal, infecciones o cicatrices pueden alterar la forma en que la luz entra al ojo. Ojo seco severo La falta de lubricación en la superficie ocular puede causar visión fluctuante o duplicada en algunos casos. Astigmatismo no corregido Un error refractivo significativo puede generar distorsión visual si no se corrige adecuadamente con lentes. Problemas en los músculos oculares Los ojos funcionan gracias a seis músculos que controlan su movimiento. Si estos músculos no se coordinan correctamente, pueden aparecer problemas de alineación ocular. Algunas condiciones relacionadas incluyen: Estrabismo (desalineación ocular) Parálisis de nervios que controlan los músculos del ojo Problemas en los músculos oculares asociados a enfermedades sistémicas Cuando los ojos no apuntan al mismo lugar, el cerebro recibe dos imágenes diferentes, lo que produce visión doble. Causas neurológicas de la visión doble En algunos casos, la visión doble puede estar relacionada con problemas que afectan el sistema nervioso. Entre las causas neurológicas posibles se incluyen: Lesiones en los nervios que controlan los músculos oculares Migraña con síntomas visuales Accidentes cerebrovasculares Tumores o inflamaciones que afectan las vías nerviosas Por esta razón, cuando la visión doble aparece de forma repentina o se acompaña de otros síntomas neurológicos, es importante buscar evaluación médica de forma inmediata. ¿Cuándo se debe consultar al oftalmólogo? La visión doble no debe ignorarse, especialmente si aparece sin una causa evidente. Se recomienda consultar con un especialista si: La visión doble aparece de forma repentina Persiste durante varios días Se acompaña de dolor ocular o dolor de cabeza Aparecen otros síntomas como mareos o dificultad para hablar Un examen oftalmológico completo permite evaluar la salud ocular y determinar si la causa es ocular o si se requiere una evaluación adicional. La visión doble puede tener diferentes causas, desde problemas oculares comunes hasta alteraciones neurológicas más complejas. Identificar el origen del síntoma es fundamental para recibir el tratamiento adecuado. Cuando aparece de forma persistente o repentina, lo más recomendable es realizar una evaluación oftalmológica para determinar la causa y descartar condiciones más serias. Si presentas visión doble o cambios en tu visión, es importante realizar una evaluación oftalmológica completa. En Oftalmólogos Dulanto contamos con especialistas en problemas oculares y tecnología avanzada para diagnosticar las causas de la diplopía y cuidar tu salud visual.

Retinopatía diabética: síntomas y tratamiento para prevenir la pérdida de visión
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La retinopatía diabética es una de las principales causas de ceguera en personas con diabetes. Esta afección ocurre cuando los niveles elevados de glucosa en sangre dañan los vasos sanguíneos de la retina, la capa del ojo que percibe la luz y la envía al cerebro. Según la American Academy of Ophthalmology (AAO), la retinopatía diabética puede progresar sin síntomas evidentes en sus primeras etapas, lo que hace que el diagnóstico temprano sea crucial para prevenir complicaciones visuales graves. De acuerdo con el National Eye Institute (NEI), las personas con diabetes tipo 1 y tipo 2 están en riesgo de desarrollar retinopatía diabética, especialmente si no tienen un control adecuado de sus niveles de glucosa. El seguimiento constante y un tratamiento adecuado pueden frenar su avance, lo que permite mantener una visión funcional y prevenir la ceguera. ¿Qué es la retinopatía diabética? La retinopatía diabética es una afección ocular relacionada con la diabetes que afecta los vasos sanguíneos de la retina. Con el tiempo, los niveles altos de glucosa pueden debilitar y dañar estos vasos, provocando su fuga o bloqueo. Como resultado, la retina no recibe suficiente oxígeno y nutrientes, lo que puede generar problemas en la visión. Existen dos tipos principales de retinopatía diabética: no proliferativa y proliferativa. La forma no proliferativa es menos grave y se caracteriza por la presencia de microaneurismas (pequeñas dilataciones en los vasos sanguíneos), hemorragias y exudados en la retina. Por otro lado, la retinopatía proliferativa es más avanzada y se caracteriza por el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos anormales que pueden provocar hemorragias en el ojo y, en casos graves, desprendimiento de retina. Síntomas de la retinopatía diabética En sus primeras etapas, la retinopatía diabética puede no presentar síntomas evidentes. Sin embargo, a medida que avanza, los pacientes pueden experimentar una serie de signos visuales, tales como: Visión borrosa o fluctuante: La visión puede volverse nublada, especialmente en la visión de cerca o de lejos. Manchas flotantes: Pequeñas sombras o puntos que se mueven por el campo visual. Pérdida de la visión central: A medida que la retinopatía progresa, la pérdida de visión puede volverse más evidente, afectando la capacidad de leer o reconocer caras. Visión nocturna deteriorada: Los pacientes pueden tener dificultades para ver en condiciones de poca luz. Es importante que las personas con diabetes se realicen exámenes oculares regulares para detectar cualquier signo temprano de la enfermedad, ya que un diagnóstico precoz puede ayudar a frenar su progresión. Causas y factores de riesgo de la retinopatía diabética La principal causa de la retinopatía diabética es el mal control de los niveles de glucosa en sangre. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la diabetes descontrolada aumenta la probabilidad de que los vasos sanguíneos de la retina se vean dañados, lo que puede resultar en pérdida de visión. Además, hay otros factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar retinopatía diabética, tales como: Duración de la diabetes: Cuanto más tiempo se ha tenido diabetes, mayor es el riesgo de desarrollar retinopatía diabética. Niveles elevados de presión arterial: La hipertensión puede agravar el daño en los vasos sanguíneos de la retina. Colesterol alto: El colesterol elevado puede contribuir a la obstrucción de los vasos sanguíneos. Embarazo: Las mujeres embarazadas con diabetes pueden desarrollar una forma más grave de retinopatía diabética, conocida como retinopatía diabética gestacional. Tabaquismo: Fumar puede aumentar el riesgo de retinopatía diabética al afectar los vasos sanguíneos en todo el cuerpo, incluyendo los ojos. ¿Cuándo consultar a un oftalmólogo? Es fundamental que las personas con diabetes se sometan a un examen ocular completo al menos una vez al año, incluso si no experimentan síntomas. Según la American Academy of Ophthalmology, un oftalmólogo podrá detectar los primeros signos de la retinopatía diabética en sus etapas más tempranas mediante el examen de fondo de ojo o con la tomografía de coherencia óptica. Si ya se ha diagnosticado retinopatía diabética, es crucial realizar seguimientos periódicos para evaluar la progresión de la enfermedad y ajustar el tratamiento en consecuencia. Además, si experimentas síntomas como visión borrosa, manchas flotantes o pérdida de visión, debes acudir al oftalmólogo de inmediato. Tratamientos para la retinopatía diabética El tratamiento de la retinopatía diabética depende de la gravedad de la afección. Los tratamientos más comunes incluyen: Control de los niveles de glucosa y presión arterial: El tratamiento principal para prevenir la progresión de la retinopatía diabética es el control estricto de la diabetes, lo que incluye mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de los rangos recomendados y controlar la hipertensión. Fotocoagulación láser: Este tratamiento se utiliza evitar complicaciones como la hemorragia vítrea o el desprendimiento de retina. Inyecciones intravítreas: Estos medicamentos sirven para evitar la pérdida visual. Vitrectomía posterior: En casos graves, se puede requerir cirugía para tratar hemorragias o desprendimiento de retina. La retinopatía diabética es una complicación grave de la diabetes que puede afectar significativamente la visión. Sin embargo, con un diagnóstico temprano y un seguimiento constante, es posible frenar su avance y evitar complicaciones visuales graves. Si tienes diabetes, es crucial que te realices exámenes oculares periódicos y mantengas un control adecuado de tus niveles de glucosa. En Oftalmólogos Dulanto abordamos este tipo de condiciones mediante evaluaciones oftalmológicas integrales con un especialista en Retina, considerando las características y necesidades de cada paciente.

Oftalmólogo en Lima: ¿cómo elegir al especialista correcto para tu tratamiento o cirugía ocular?
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Buscar un oftalmólogo en Lima puede parecer sencillo… hasta que te enfrentas a una decisión importante: ¿con quién te atiendes si tienes visión borrosa, un diagnóstico de catarata, sospecha de glaucoma o te han recomendado una cirugía? En salud visual, elegir bien no es un detalle: es parte del tratamiento. Según National Eye Institute (NEI), para problemas oculares serios es recomendable acudir a un oftalmólogo, ya que es el especialista médico con formación para diagnosticar, tratar enfermedades del ojo y realizar procedimientos quirúrgicos cuando se necesitan. Además,la American Academy of Ophthalmology (AAO) explica que el oftalmólogo se diferencia de otros profesionales de la visión por su entrenamiento médico y quirúrgico.  En esta nota te dejamos una guía práctica, clara y segura para elegir al especialista correcto, tanto si buscas una consulta como si estás evaluando una cirugía. ¿Qué hace un oftalmólogo y cuándo debes buscar uno? Un oftalmólogo es un especializado en salud ocular. Esto significa que puede: Evaluar la visión y la salud ocular mediante un examen completo. Diagnosticar y tratar enfermedades como catarata, glaucoma, ojo seco, infecciones y problemas de retina, entre otras. Indicar medicamentos y realizar procedimientos o cirugías cuando corresponda. Según National Eye Institute, si el problema es más serio o existe la posibilidad de requerir tratamientos avanzados (incluida cirugía), el oftalmólogo suele ser el profesional indicado. En la práctica, conviene buscar un oftalmólogo en Lima si: Notas visión borrosa persistente (de lejos o de cerca). Tienes dolor ocular, enrojecimiento intenso o disminución súbita de la visión. Te han diagnosticado catarata, glaucoma, queratocono, degeneración macular u otra condición que requiere seguimiento. Necesitas evaluación para cirugía refractiva (dejar lentes), catarata u otra cirugía ocular. Tienes diabetes o hipertensión y te han recomendado control de fondo de ojo. Importante: esta guía es informativa y no reemplaza una evaluación médica. Cada paciente debe valorarse de forma individual. Credenciales básicas en Lima: cómo verificar CMP y especialidad 1) Verifica que el médico esté colegiado y habilitado (CMP) En Perú, los médicos deben estar colegiados en el Colegio Médico del Perú (CMP). El CMP cuenta con un portal oficial de búsqueda de médicos colegiados (“Conoce a tu médico”), donde puedes consultar por número de colegiatura o por nombres y apellidos.  2) Confirma la especialidad registrada Si el caso requiere cirugía o manejo especializado (retina, córnea, glaucoma, catarata), es razonable buscar un oftalmólogo con especialidad registrada. El CMP también gestiona el Registro Nacional correspondiente para especialidad/subespecialidad.  Elige según tu necesidad: consulta general, tratamiento o cirugía ocular No todos los casos necesitan lo mismo. Una manera simple de elegir mejor es identificar tu objetivo: Si buscas una consulta por visión borrosa o control preventivo Prioriza un examen completo y una explicación clara del diagnóstico. Pregunta qué pruebas se realizarán (graduación, presión ocular y evaluación de fondo de ojo, si corresponde). Asegúrate de salir con un plan claro: tratamiento, controles y señales de alarma. Tienes un diagnóstico (catarata, glaucoma, retina, córnea) Busca un oftalmólogo con experiencia en esa condición o con una subespecialidad relacionada. Pregunta si tu caso requiere controles con exámenes específicos (por ejemplo, imágenes de córnea o retina, según criterio médico). Valora la comunicación: un buen especialista no minimiza tus síntomas ni apresura la consulta. Si estás evaluando una cirugía (refractiva, catarata, pterigión, retina) Según la AAO, la oftalmología incluye tanto el diagnóstico como el tratamiento médico y quirúrgico de las enfermedades oculares; por eso es clave que el cirujano explique opciones, beneficios y riesgos con transparencia.  En cirugía ocular, la confianza se gana con hechos: una evaluación completa, indicación responsable y seguimiento adecuado.  Un punto clave: desconfía de promesas absolutas (“cero riesgo”, “visión perfecta garantizada”). En medicina seria se habla de probabilidades: “en muchos casos”, “según evidencia clínica” y “depende de cada paciente”.  Preguntas clave para elegir con seguridad (y evitar decisiones apresuradas)  Lleva estas preguntas a tu consulta. Te ayudan a comparar opciones sin dejarte llevar solo por precio o publicidad:  ¿Cuál es mi diagnóstico exacto y qué alternativas de tratamiento existen? ¿Este problema requiere cirugía ahora o se puede observar/tratar primero? ¿Qué resultados realistas puedo esperar en mi caso y en qué plazo? ¿Cuáles son los riesgos más relevantes para mí (por edad, medida, enfermedades, etc.)? ¿Qué exámenes previos son necesarios y por qué? ¿Cómo es el postoperatorio y cuántos controles están previstos? ¿Qué señales serían motivo de emergencia o consulta inmediata? Un buen oftalmólogo en Lima debería responder con claridad, sin presionarte, y dejarte espacio para decidir informado. Si sientes apuro, falta de explicación o respuestas evasivas, pedir una segunda opinión suele ser una decisión prudente.  Finalmente, recuerda esto: elegir al especialista correcto no es solo “quién atiende”, sino también el enfoque: diagnóstico preciso, ética, comunicación, tecnología adecuada y seguimiento real.  En Oftalmólogos Dulanto evaluamos cada caso de forma personalizada, con enfoque médico, ético y seguimiento especializado en Lima. 

Miopía: Qué signos, riesgos y tratamientos hay en niños y adultos
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La miopía es un problema visual muy común: hace que los objetos lejanos se vean borrosos. A veces se instala de manera silenciosa, especialmente en niños, porque ellos se adaptan y pueden no notar que “ven distinto”. En adultos, suele confundirse con cansancio, estrés o “necesitar descanso”, hasta que la dificultad para ver de lejos interfiere con el trabajo, el estudio o la conducción. Según la American Academy of Ophthalmology (AAO),la miopía es un error refractivo frecuente y tratable. Lo importante es detectarla a tiempo, corregirla adecuadamente y, en niños, considerar estrategias para reducir su progresión cuando esté indicado. ¿Qué es la miopía y por qué ocurre? La miopía es un error de refracción. En términos simples, significa que la luz que entra al ojo no se enfoca justo en la retina (la capa interna responsable de “captar” la imagen), sino por delante de ella. Por eso, la visión de lejos se vuelve borrosa, mientras que la visión de cerca suele ser mejor. Esto ocurre principalmente porque: El ojo es más largo de lo habitual (la causa más común). La córnea (la “ventana” transparente del ojo) tiene una curvatura que hace que la luz se enfoque antes de llegar a la retina. En la infancia y adolescencia, el ojo todavía está en crecimiento. Por eso la miopía puede aumentar con los años, sobre todo si aparece temprano. De acuerdo con el National Eye Institute (NEI), la miopía se confirma con un examen oftalmológico completo y se corrige con lentes, lentes de contacto o, en adultos seleccionados, con cirugía refractiva. Signos y síntomas de miopía en niños y adultos Reconocer los signos ayuda a consultar a tiempo. La miopía no siempre produce dolor, por lo que conviene observar cambios de conducta. Signos frecuentes de miopía en niños Se sientan muy cerca de la televisión o se pegan al cuaderno. Entrecerran los ojos para ver la pizarra o los letreros. Se quejan de dolor de cabeza al final del día o después de tareas. Se frotan los ojos con frecuencia o parpadean más de lo habitual. Presentan bajo rendimiento escolar o desinterés por actividades que requieren ver de lejos (deportes, juegos con pelota). Piden aumentar el tamaño de letras o acercan la tablet/celular. Síntomas comunes de miopía en adultos Dificultad para ver letreros, señales de tránsito o presentaciones.  Problemas para manejar de noche (sensación de halos o baja nitidez).  Fatiga visual con pantallas, especialmente si además hay ojo seco.  Visión borrosa de lejos que mejora al acercarse.  Señales de alarma (consulta pronta) Si una persona con miopía —sobre todo miopía alta— presenta: Destellos de luz. Aumento repentino de “moscas volantes”. Sensación de “cortina” o sombra en la visión. Debe evaluarse con urgencia para descartar problemas en la retina. Según la American Academy of Ophthalmology (AAO), estos síntomas pueden estar asociados a alteraciones que requieren atención oportuna. Riesgos de la miopía si no se trata o no se controla No corregir la miopía puede tener consecuencias en la vida diaria: En niños: afecta el aprendizaje, la autoestima y el desempeño (por no ver bien la pizarra o las instrucciones a distancia). En adultos: limita la conducción, la productividad y la seguridad en actividades cotidianas. Además, el punto más importante en salud ocular es que la miopía puede progresar. Cuando se alcanza miopía alta, el ojo suele ser más largo y ciertas estructuras pueden volverse más vulnerables. De acuerdo con la American Academy of Ophthalmology (AAO), la miopía alta se asocia con mayor riesgo de complicaciones como alteraciones de la retina, además de aumentar la probabilidad de otros problemas oculares a largo plazo. Esto no significa que toda persona con miopía tendrá complicaciones, pero sí que el seguimiento y los controles son especialmente relevantes cuando el grado es alto o progresa rápido. Tratamientos actuales de la miopía y cuándo acudir al oftalmólogo  El tratamiento se define según edad, grado de miopía, salud ocular y estilo de vida. En medicina, cada caso debe evaluarse de forma individual.  1) Lentes (gafas) Son la opción más frecuente en niños y adultos. Corrigen la visión y mejoran rendimiento escolar y calidad de vida. La graduación debe estar bien indicada: ni “quedarse corto” ni excederse, porque eso puede afectar comodidad y adaptación.  2) Lentes de contacto Pueden ser una alternativa en adolescentes y adultos, y en algunos casos se usan diseños especiales para estrategias de control de miopía. Su indicación depende de la salud de la superficie ocular (ojos secos, alergias), higiene y rutina del paciente.  3) Control de miopía en niños (para frenar progresión) Según revisiones clínicas y guías de práctica, existen estrategias que pueden ralentizar la progresión en muchos niños seleccionados, por ejemplo:  Atropina en bajas concentraciones (indicada y controlada por el oftalmólogo). Lentes de contacto especiales o lentes oftálmicos con diseños específicos. Recomendaciones de hábitos: más tiempo al aire libre, pausas visuales y distancia adecuada de lectura y pantallas. Estas medidas no se indican “en automático”: el plan depende de la edad, velocidad de progresión, antecedentes familiares y examen ocular.  4) Cirugía refractiva en adultos (cuando corresponde) En adultos con medida estable y tras exámenes completos, la cirugía refractiva puede ser una opción para reducir la dependencia de lentes. Según el National Eye Institute (NEI), la cirugía refractiva modifica la forma de la córnea (y en algunos casos utiliza lentes intraoculares) para mejorar el enfoque. No todos los pacientes son candidatos, y una evaluación preoperatoria rigurosa es la clave para seguridad y buenos resultados. ¿Cuándo acudir al oftalmólogo? Si un niño muestra signos de miopía o hay antecedentes familiares.  Si un adulto nota visión borrosa de lejos, cambios recientes o dificultad nocturna.  Si aparecen síntomas de alarma (destellos, “cortina”, aumento súbito de moscas volantes).  Si la miopía aumenta con frecuencia o hay molestias persistentes con pantallas.  La miopía es un problema visual frecuente que puede afectar la calidad de vida y, en algunos casos, la salud ocular a largo plazo. Detectarla a tiempo permite corregir la visión y, en niños, aplicar estrategias para reducir su progresión. Un examen oftalmológico completo es clave para definir el tratamiento más adecuado según la edad, el grado de miopía y el estilo de vida. En Oftalmólogos Dulanto

Carnosidad en los ojos: cuándo es necesario tratarla
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El Pterigión, también conocido como carnosidad en los ojos, se caracteriza por el crecimiento anormal de la conjuntiva, una membrana que recubre la parte blanca del ojo, que invade la córnea. Este crecimiento anormal no solo afecta la estética del ojo, sino que también puede comprometer la visión si el tejido alcanza la córnea.